Siempre he sentido curiosidad por entender el porqué del porqué, y por aprender haciendo. "La fábrica de las ideas," como la llamó un profesor cuando estudiaba Periodismo.
Durante un tiempo quise ser reportera de guerra. Me gustaba estar donde ocurrían las cosas de verdad, hablar con la gente, hacer preguntas, intentar entenderlo todo de primera mano.
Después pasé a Comunicación Audiovisual. Me encantaban las películas y pensaba que quizá acabaría siendo crítica de cine. Pero entonces descubrí el mundo multimedia, Flash y Maya, y me enamoré de la posibilidad de convertir algo que imaginaba en algo que podía ver e interactuar con ello de verdad.
Probablemente fue la primera vez que sentí esa chispa.
Con los años, el diseño me dio una forma de unir esos mundos: la curiosidad por las personas, entender problemas y usar la tecnología para convertir ideas en algo tangible.
Hoy tengo la suerte de dedicarme a algo que me encanta: diseñar productos digitales y sistemas complejos que me dejan seguir experimentando y creciendo.
Para mí, entender profundamente las necesidades de las personas y observar cómo interactúan con las interfaces abre todo tipo de posibilidades para que el negocio funcione. Súmale datos, la disciplina de dejar de lado las preferencias personales, y una colaboración estrecha con ingeniería, como compañeros, no como ejecutores, y se puede conseguir mucho.
Y eso es lo que llevo haciendo desde hace muchos años, en empresas como Schibsted, Moonpig, Hotjar, y ahora n8n.
Los mundos que desbloquea la tecnología son fascinantes, y me interesa mucho más ver hasta dónde podemos llegar que conservar cómo son, o cómo eran, las cosas.
Pero avanzar no significa dejar de pensar. La ética, la reflexión y el pensamiento crítico son indispensables para un diseño responsable y sostenible.
Un diseño que se sienta humano y vivo, no mecánico.
Espero que disfrutes explorando este sitio.
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